17 febrero 2012

Crisis en la (re)presentación del sujeto femenino en "El conspirador"

Crisis en la (re)presentación del sujeto femenino en El conspirador



Lorena García Pizarro

1. Generalidades

         En el siglo XIX, tras la categoría de clases y la exclusión social había otro problema latente e ignorado: la exclusión del género femenino a la esfera de lo público (política, cultura y soberanía). En el imaginario colectivo de entonces solo se concebía la participación femenina en la esfera de lo privado, lo que significaba que su participación estaba vetada en el ámbito público.

         En la actualidad, la mujer cumple un rol importante en la sociedad: en lo político, social, económico y cultural. Fue, precisamente, el aire de modernidad en el siglo XX lo que potenció la incursión de la mujer en la actividad política; esfera vetada para el género femenino en el siglo XIX. Es, precisamente, la categoría de género, lo que permite realizar un desmontaje crítico de la desigualdad a partir de lo físico y biológico asumido como natural por una época que evidencia el imaginario colectivo de la ideología sexual dominante: la cultura hegemónica del varón.

        El conspirador (1892), novela de corte histórico, es la representación simbólica de una época en el Perú donde no existe un proyecto político acorde a las necesidades. Para Carmen Mc Evoy es un problema que el Perú ha heredado hasta el día de hoy. En la novela, los vacíos políticos se desarrollan a partir del personaje Ofelia, que despierta nuestra atención por escapar al paradigma de la mujer del siglo XIX. Motivo por el que centraremos nuestro interés en la crisis de la representación de este personaje.


2. Representación simbólica de lo masculino en El conspirador

      El siglo XIX fue, sin duda, un período conflictivo para nuestros líderes militares que encabezaron el gabinete presidencial durante décadas. Es precisamente, el clima formado por estos gobiernos autócratas y conservadores lo que generó un espíritu revolucionario en los civiles.

      Del mismo modo, el personaje-narrador de la novela, Jorge Bello, creció en un clima hostil con espíritu revolucionario, pues las ideas revolucionarias y la destitución de los gobiernos autoritarios eran parte del imaginario colectivo. Nótese en su discurso: “Al hombre del estado, sólo lo forman la sociedad y los acontecimientos”. Precisamente, el despotismo de los gobiernos, el clima hostil entre los subordinados y la ambición al poder determinaron su carácter y sus objetivos.

      Es a partir del habitus del personaje que podemos entender el imaginario colectivo de la época: “No es la educación de la familia, ni tampoco la de los colegios, lo único que imprime su sello individual en el hombre público; es más bien, el medio ambiente; esa atmósfera moral en que se amolda su espíritu y se animan sus ideas” (35). Para Jorge, el influjo naturalista y las circunstancias políticas son determinantes en el porvenir del individuo.

      Es decir, la esfera de lo público ligado a la actividad política, la economía, la cultura estaba destinada sólo para los varones, mientras que la mujer relacionada a lo privado, a lo doméstico, al pathos estaba prohibida de acceder a la esfera pública. Si bien el término hombre alude genéricamente al varón y a la mujer en la actualidad, en el imaginario colectivo de la época, dicho término aludía solo a lo que hoy es la categoría varón.

     Dicho imaginario colectivo determinado por el conservadurismo, las apariencias se deja entrever en el fastidio que sentía Jorge Bello cuando Ofelia se inmiscuía en las actividades de su partido político: “miraba con disgusto el que ella tomara parte activa en nuestros planes de conspiración”.


3. El modelo mariano como constructo social

     Para Jorge al igual que sus contemporáneos sólo existía, en su imaginario, el modelo Mariano: la exaltación de la maternidad, la superioridad moral de la mujer y la pureza a semejanza de la virgen María. Cuando Jorge huye del gobierno es asilado por su amigo Montalvo, cuya esposa e hija son la encarnación del modelo mariano impuesto por la ideología sexual dominante:
[…] la señora se ocupaba de los quehaceres de la casa, y era sumamente hacendosa, modesta, amable; la joven pasaba su tiempo leyendo libros místicos, tocando el piano o bordando con gran habilidad […] las salidas fuera de la casa, tanto de la madre como de la hija, limitábanse a la misa de ocho de la iglesia vecina. […] (114).
    Este es el modelo de la mujer hogareña, dedicada al cuidado de la hija, de una moral verosímil. Modelo al que escapa Ofelia y, en cierto sentido, la tía de Jorge (la ex-coronela).

    Lucía, la ex-coronela y Ofelia representan los tres modelos de mujer en la vida de Jorge, que integran lo que fue, lo que es y lo que pudo ser. La ex-coronela, una mujer de carácter dominante, por cuya exigencia al sillón presidencial perdió la vida su marido el coronel; fue la que inculcó en su sobrino el amor por la carrera militar, a partir de la historia del coronel. Fue ella quien despertó su ambición por el poder. Esta mujer de un carácter apasionado fue quien inició su inquietud por las conspiraciones.

    Lucía, representación simbólica del ideal de mujer por sus virtudes es la que pudo conducir a Jorge al éxito. Al respecto, Jorge señala: “pudo ser el ángel que debía salvarme; la madre de familia, el centro de un hogar que para el hombre público es cual fértil terreno que le da a su savia y vigoriza el frondoso árbol, que ahonda allí sus raíces para dar más tarde magníficos frutos […]” (145). Este modelo de mujer por sus condiciones que se configuran dentro de los límites de lo permitido pudo ser aceptado por la sociedad.

    Ofelia, personaje que sufre una metamorfosis, es en un inicio el modelo de mujer virtuosa que luego deja todos los prejuicios y establece una relación clandestina con Jorge. Esta relación no es vista con buenos ojos por la sociedad; sin embargo, su amor por Jorge le exige franquear las barreras de lo moral y de lo políticamente correcto.


4. Ofelia, el personaje subversor del orden

     Ofelia, a diferencia de los otros personajes de la novela, es el personaje más conflictivo porque se resiste al proceso de socialización e identificación con el género que le corresponde y que le asigna la sociedad en la que vive. Primero, en su juventud se resiste a casarse con el hombre que la madre le impone. Se casa con un hombre que asegura ser un conde y este la estafa. Segundo, conoce al conspirador, se enamora y acepta una relación afectiva estando casada. Expone su relación al público que será un elemento negativo para la candidatura de Jorge. Tercero, se entromete constantemente en el partido político de Jorge con el fin de liderar. Espacio vetado para sus congéneres que se limitan a la esfera de lo doméstico. Por último, el amor por Jorge es tan grande que al tenerlo escondido y sin reservas económicas, opta por prostituirse para mantenerlo y cancelar así sus deudas. Con este hecho, Ofelia franquea las barreras de los códigos éticos y morales de su entorno motivados por el amor.

      En la novela, la autora nos presenta a un personaje que no se resigna a la esfera de lo privado, que no necesita la protección masculina. Y son las circunstancias las que generan una inversión de roles en el personaje Ofelia y que la conducen a una suerte de involución social. Las mismas circunstancias que Jorge reconocía que determinaban el carácter del hombre. Del mismo modo, Ofelia se ha visto obligada a proceder como las circunstancias se le presentaban.

     El cuerpo juega un rol fundamental en este personaje, pues se convierte en el “locus” donde se construye y se produce el aprendizaje del género. Desde que nace el individuo, su cuerpo empieza a ser trabajado y maquillado poniendo en evidencia que somos varones o mujeres. El cuerpo exige la interiorización de los roles, normas, mandatos que es aceptado y bien representado por Lucía. Pero Ofelia se resiste a todo tipo de normas. Se podria decir que es una mujer masculinizada en sus ideas y acciones, según los conceptos y prejuicios de la ideología sexual dominante. O más aún, es el paradigma que cuestiona a partir de sus objetivos y acciones el logocentrismo que excluye a su género de toda participación pública y en especial de la participación en la esfera del poder.

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     Ofelia es un personaje que cuestiona la naturalización de lo femenino en la representación universal de la mujer. Ella franquea las barreras de lo privado, lo transgrede para acceder a la actividad política, a lo cultural, en especial al poder, ideal del género masculino.

     La actitud de Ofelia de acceder al orden poder/saber, es cuestionado por su sociedad, pero le confiere el privilegio de decir lo que cree y piensa de los políticos de su país con una gran entonación profética:
[…] ¡la política!... has aprendido al fin a conocer lo que es la política?... sabes acaso que, sin ser más que el arte de gobernar, y dar leyes y decretos, para la seguridad pública, puede ser también, una lucha noble, sublime, si es que defiende un ideal o un principio; así como es ruin e infame, si sólo simboliza la ambición de un conspirador? […] si quieres y aspiras llegar a la verdadera grandeza y prosperidad, sé leal y honrado en la vida pública franco y bondadoso en la vida íntima […]
    Es la autora, quien en el discurso de Ofelia, vierte su descontento hacia el modo como se ha ido desarrollando la política, hace una recomendación de cómo deben ser los varones en la vida íntima. Lo curioso es que este uso de la razón tan negada a la mujer lo hace precisamente Ofelia que fue subestimada por Jorge, pero cuya rebeldía frente a su entorno y su inteligencia le permiten cuestionar y analizar que las taras políticas se van a seguir arrastrando hasta el día en que se construya un proyecto político con la única convicción de buscar el desarrollo, el progreso del país y no por intereses. El discurso de Ofelia reclama la necesidad de un proyecto político. Esto significa un cuestionamiento y replanteamiento político desde el imaginario femenino.

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