28 mayo 2009

Paul Newman y otros relatos: ¿una propuesta narrativa?


Paul Newman y otros relatos.
RUBIO BAUTISTA, Douglas.
Lima, Andes Books, 2006.

Lorena García Pizarro

     Los aspectos negativos de la globalización, la tecnologización del poder y la política han generado un desequilibrio en el imaginario social: la exacerbación del individualismo, el racismo, etc. La modernidad ha creado seres alienados, vacíos y frívolos. Estos síntomas nos alejan cada vez más de la imagen de una futura sociedad democrática, pluralista y sobre todo humanista. En este sentido, la narrativa peruana contemporánea afronta los retos de las industrias culturales –entre estos el cine, la radio, la televisión y la prensa–. Su impulso por totalizarse y sobrevivir a los nuevos retos de la tecnoclogía, la obligan a cuestionar sus técnicas y formas vigentes, y asimilar los elementos constitutivos de otras artes.

     Paul Newman y otros relatos, del escritor Douglas Rubio Bautista (Lima, 1976), es la búsqueda de nuevos temas y nuevas formas de expresión literaria, que responde a los vacíos que han dejado las metanarraciones o grandes relatos que sirven de eje discursivo a la modernidad. En esta publicación de relatos urbanos, adquieren importancia los elementos constitutivos del cine: el primer plano, el montaje, el encuadre. Cabe destacar, también, la influencia en el texto del estilo narrativo del cine trash o cine de contracultura, donde el sexo explícito y la violencia son cotidianos en la sociedad como nos muestra el autor en sus relatos: “Y Darío penetró aquella humedad pilosa, y la besaba con toda la fuerza que pudo generar su lengua” (dice el narrador de “El sol teje los nidos”) (42). Donde el uso del primer plano empleado por el autor permite un acercamiento visual cinematográfico, y tiene como fin exacerbar los sentidos del lector.

      La novela negra –el crimen, la búsqueda de la verdad por los caminos de la lógica-, sin duda, es otra de las fuentes de la que se nutre el autor. En la actualidad, este género no es cultivado. Hay una ausencia de interés de los jóvenes escritores hacia la estrategia narrativa de la novela negra. Para Oscar Wilde, escribir una novela negra requiere de dos condiciones: tener una historia criminal y contarla bien. En este sentido, Douglas Rubio nos presenta en esta publicación un estilo logrado en cuanto a una temática acorde a los tiempos: personajes indolentes frente a su cruda realidad. Las técnicas cinematográficas como el primer plano, el montaje nos acercan a ese universo diegético y, también, dejan entrever la postura intelectual del autor.

    Con el empleo del montaje, la estructura en los cinco relatos de la publicación no se desarrolla linealmente. El autor va llenando los vacíos de las historias con los juegos temporales: analepsis y prolepsis. Es decir, que los relatos se desarrollan en la memoria e imaginación de los personajes. Aquí el tiempo psicológico es de vital importancia. A partir de la subjetividad de los personajes, el narrador construye la narratividad de los relatos que nos permite desentrañar la trama y acceder a la verdad de los personajes.

     La memoria, la imaginación y las emociones dan cuenta de los conflictos de los personajes. En este sentido, Rubio explora el atormentado e inefable mundo interno de los personajes: sus deseos sexuales, frustraciones y sus más bajos instintos criminales, etc. Con el personaje Norman, de “Peter Pan era un verdadero hijo de puta”, revela las sombras de lo patológico, donde el protagonista descubre el origen de los crímenes en su etapa de niñez: “Recuerda haber acompañado el negro y el verde de sus aleteos hasta conseguir sostenerla con la plenitud de sus dedos de niño, Sonrió. Quitó una ala, luego otra. Parecía entonces una larva. Volvió a sonreír al aplastarla entre esos dedos rosados que su madre siempre lavaba con agua y desinfectante” (21-22).

     Cada uno de los relatos da cuenta de la destreza narrativa del autor: intercala la plasticidad en la subjetividad de los personajes con el lenguaje crudo. Nada es accesorio en los relatos. El autor es preciso, su voluntad de contar, y contar bien, atrapa al lector, ya que no hay pasajes prescindibles: diálogos, imágenes, etc.

      Los tópicos de la muerte inevitable, la violencia sexual, la homosexualidad, no son sin duda ingenuos, forman parte de la intención del autor por representar a los seres vacíos que ha generado la modernidad. El título de uno de los relatos “Peter Pan era un verdadero hijo de puta” nos da cuenta de la pérdida de la inocencia, del carácter desmitificador de los cuentos de hadas, por ende, de la cultura occidental y de sus personajes alienados, que resultan indolentes, indiferentes a su entorno, resultado de lo que proyectan los mass media.

       Otro de los recursos que utiliza el autor es la ironía de la paradoja en el discurso de los narradores y de los personajes, donde cada uno va en búsqueda de llenar los vacíos. Estos terminan encontrando sus verdades cuando menos se lo esperan, como el personaje principal del relato “Paul Newman”: “De regreso al hotel, lloré repentinamente unos minutos. Se descubren ciertas verdades en la soledad del asiento trasero de los taxis. O mientras se contempla uno mismo en los espejos húmedos de los ascensores. Tal vez en el silencio del pasillo camino a la habitación” (17).

     Es la búsqueda de la verdad la que induce al lector a una conclusión final. El autor nos induce por el camino de la lógica, no sin antes hacer una lectura atenta que exige un lector activo, un “lector macho” en términos de Cortázar. Sin duda al leer los relatos de Rubio, en esta modernidad, nos hace pensar que aún hay intelectuales que no sólo se preocupan por la forma (búsqueda de recursos cinematográficos), sino también por el plano del contenido; que siempre están buscando nuevas alternativas para entretener y escribir bien en este mundo globalizado.

Publicado en la revista Lhymen, cultura y literatura. Año VI, junio de 2007, Nº 4

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